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La Cleromancia o
los dados adivinatorios
El término Cleromancia que designa las prácticas
adivinatorias realizadas con huesillos, piedras o trozos de
madera tiene su origen en el griego kleros que
significa "objeto lanzado a su
suerte o sorteado".
"La suerte está echada",
decían los egipcios, griegos y romanos cuando consultaban a
los cleromantes, los cuales utilizaban huesecillos y dados
para leer los presagios.
Los
griegos atribuyen a Palamade, héroe de la guerra de
Troya, la invención del juego de dados, pero otros creen que
se hizo en Egipto o Asia. Otros autores atribuyen la
creación de este juego de dados a Ateneo, retórico y
gramático griego de origen egipcio que vivió a principios
del siglo III.
De lo que
podemos estar seguros, pues muchos relatos antiguos dan fe
de ello, es que los cleromantes egipcios, griegos y romanos,
y sobre todo las cleromantes griegas, integran poco a poco
el uso de huesecillos y de los dados adivinatorios en sus
prácticas. La gran mayoría de las cleromantes eran
cortesanas griegas que habían practicado primero la
Geomancia,
un arte adivinatorio y sagrado
más antiguo todavía, cuyo
principio se basa en los significados e interpretación de
figuras dibujadas con arena.
No nos
sorprende que en Grecia, igual que en Roma, los letrados,
los políticos e incluso los emperadores, acudieran a ellos
con frecuencia. Por otra parte, los cleromantes tenían su
propio lugar, como los actuales echadores de cartas.
Los
etruscos parecen fascinados por los dados y muchos de los
conservados en los museos tienen esta procedencia. La
mayoria de los dados encontrados
son de hueso o de marfil, pero también hay de bronce, plomo,
àmbar, cristal, cerámica y piedras diversas.
Los dados
tal y como los conocemos actualmente, se llamaban
tesserae, pero también había de otro tipo llamados
talli, que tenían cuatro caras marcadas. También se han
encontrado dados trucados. Los hacían servir para el
juego pero también en los templos para hacer adivinaciones.
La palabra
azar, viene del árabe az-zahr, que significa
"juego de dados", derivado a su vez de zahr, la flor
del naranjo (el azahar), que se representaba en una de las
caras de los dados árabes.
Sin embargo, los antecesores de los dados, como sucede con
muchos de los llamados actualmente juegos de mesa,
utilizados en un principio con
fines adivinatorios, son los astrágalos,
del
griego astragalos, palabra que designaba las
vértebras y huesos del tarso. Nuestros antepasados
utilizaban casi siempre vértebras o huesecillos de los pies
del cordero, que tenían cuatro caras. El astragalomante
inscribía en ellos una letra del alfabeto, luego sacaba al
azar uno de los huesecillos de una urna, después de haberlos
mezclado, y formular diversos encantamientos. Los
huesecillos sacados de la urna,
una vez reunidos, podríamos decir mediante un ritual,
formaban un conjunto de letras que tenían un significado y
que permitían al astragalomante
obtener un mensaje adivinatorio para la persona que le
consultaba.
Luego, las letras fueron sustituidas por números y, poco a
poco, se configuraron los dados de piedra en Egipto, los
dados de madera e incluso los
dados de doce, catorce o veinte caras, especialmente en
tiempos romanos.
Sin embargo, el dado común tenía seis caras, numeradas de 1
a 6, como actualmente; y, por supuesto, cada cifra o cada
combinación de cifras, según se
utilizasen uno, dos o tres dados, tenía un significado
adivinatorio particular.

Los
dados adivinatorios de la Cleromancia
son
empleados por
Ángela
Gamarra.
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